Informe: CONACYT
El modelo de la agricultura mexicana debe conducirse bajo principios que fortalezcan la soberanía y la seguridad alimentaria, mediante el mejoramiento de la inocuidad, el aprovechamiento de la biodiversidad local, la diversificación de cultivos, principalmente de aquellos que requieran baja utilización de recursos hídricos, así como del impulso de políticas de concientización social sobre el uso del agua, y no responder únicamente a las exigencias del mercado exterior, afirmaron especialistas de los Centros Públicos de Investigación (CPI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).
Los doctores Miguel Ángel Martínez Téllez, del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) en Hermosillo, Sonora; Humberto González Chávez del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS-Occidente) en Guadalajara, Jalisco; Alfonso Larqué Saavedra, del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) en Mérida, y Rufina Hernández Martínez, del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, Baja California (CICESE), opinaron sobre la situación actual de la agricultura, al hablar de los proyectos que desarrollan en sus respectivos centros de estudio.
El Dr. Martínez Téllez (CIAD) comentó que México ha sido pionero en el establecimiento de sistemas para eliminar riesgos en la agricultura, y es a través de la inocuidad agroalimentaria que se impide la contaminación biológica, física y química de los alimentos, con lo cual se asegura que no causarán daños a la salud de los consumidores. Sin embargo, afirmó que es necesario fortalecer los sistemas de aplicación, establecidos en la Ley Federal de Sanidad Vegetal, revisada y modificada en 2007.
El doctor en Ciencias en Tecnología de Alimentos por la Universidad Politécnica de Valencia, España, comentó que para que haya garantías de que los alimentos no contengan contaminantes biológicos, físicos o químicos, se requieren óptimas prácticas agrícolas, así como respeto a los límites en el uso de plaguicidas, y adecuadas condiciones de empaque, transportación, sanidad e higiene de los trabajadores. Indicó que México requiere fortalecer los mecanismos para concientizar a los productores y promover de manera más efectiva el establecimiento de sistemas de reducción de riesgos de contaminación de los alimentos, principalmente de frutas y hortalizas frescas, al ser los principales proveedores de Estados Unidos; además, el consumidor debe tener la capacidad de exigir inocuidad.
El también coordinador de Tecnología de Alimentos de Origen Vegetal (TAOV), destacó que en el CIAD se desarrollan investigaciones para presentar alternativas viables en la reducción de riesgos de contaminación de las frutas y hortalizas frescas y procesadas, tareas de capacitación y formación de recursos humanos. Además, se ofrecen servicios analíticos de microbiología y residuos de plaguicidas en laboratorios acreditados por la Entidad Mexicana de Acreditación (EMA) y labores de consultoría con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), a través del comité Codex Alimentarius de frutas y hortalizas frescas.
Por su parte, el Dr. Humberto González (CIESAS-Occidente) apuntó que el desarrollo de la hortofloricultura ha tenido un notable incremento en los últimos años, fundamentalmente en estados como Michoacán, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Puebla, Veracruz y Zacatecas. Sin embargo, mencionó la existencia de una alta concentración de cultivos en el rubro de hortalizas como calabaza, cebolla, lechuga, melón, pepino, sandía, jitomate. En lo que se refiere a las frutas: aguacate, limón, mango, papaya, plátano, piña y uva. De 1980 a 2009, 7% de la producción de hortalizas y frutas fue exportado, 2.8% se destinó al mercado nacional y 3.1% se importó.
El doctor en Ciencias Agrícolas y del Medio Ambiente por la Universidad Agrícola de Wageningen, Holanda, dijo que la producción nacional es cada vez más sensible al comportamiento de los precios y a la demanda del mercado de Estados Unidos. Incluso, responden más al mercado de ese país, que al mercado interno, lo cual ha influido en la especialización.
En su opinión, el problema radica en que la tendencia hacia el monocultivo tiene efectos degradantes para los recursos naturales y humanos de las regiones productivas. Mencionó que debemos elegir entre desarrollar una agricultura que responda a las demandas de otros países o responder a los requerimientos de la seguridad alimentaria y soberanía de México. Podemos seguir un modelo de manera intensiva u optar por la diversificación de la producción y el fortalecimiento del mercado regional, las vías de comercialización y el empleo.
Durante su participación, el Dr. Alfonso Larqué (CICY) señaló que frente al complejo escenario que enfrenta México en materia de abastecimiento de granos -ya que se importa el 95% de la soya, 78% del arroz, 50% del trigo y 30% en maíz-, ha diseñado una propuesta de sistema forestal productor de semillas para reducir la importación de granos, consistente en un modelo amigable al ambiente y menos demandante de altos insumos agrícolas, el cual funciona a través de la incorporación de la cosecha de semillas del árbol conocido como Ramón (Brosimum alicastrum) a la producción de granos, lo cual eleva su calidad y contenido nutricional. Esta iniciativa, apegada a la biodiversidad local, está basada en el aprovechamiento de un sistema utilizado por los mayas desde tiempos ancestrales, quienes complementaban la cosecha del maíz con las semillas de Ramón para la alimentación. De ese árbol multiusos (Brosimum quiere decir alimento), el follaje es utilizado como forraje para el ganado y las semillas se mezclan con maíz para hacer tortillas o consumirse como golosina en Yucatán, entre otros usos locales.
Larqué informó que varios reportes corroboran la calidad de la harina de la semilla del Ramón, un árbol perenne que crece en Mesoamérica. La harina que se obtiene de esta especie que adorna el Paseo Montejo en Mérida, Yucatán, es rica en calcio, ácido fólico, potasio, hierro, vitamina E y tiene poca grasa. Se estima que se podrían producir entre cuarenta y setenta toneladas de semillas por hectárea anualmente, cantidad superior a lo que produce cualquier gramínea en sistemas intensivos. Por ello, el académico consideró que esta propuesta ayudará a mitigar la amenaza de mayores importaciones de granos y fomentará un nuevo sistema agrícola con potencial agroindustrial acorde con la riqueza de la biodiversidad y la experiencia ancestral maya.
La Dra. Rufina Hernández Martínez (CICESE) también se pronunció por impulsar investigaciones que permitan el aprovechamiento de especies nativas, como el árbol Ramón, en Yucatán, para producir semillas que reduzcan la importación de granos en México; igualmente, propuso controlar biológicamente plagas y enfermedades en plantas, como es el caso aplicado en algunos viñedos, hortalizas y flores en Baja California, y eficientizar el uso del agua mediante una campaña gubernamental hacia todos los sectores, así como la siembra de especies que requieran poco líquido o sean resistentes en condiciones de salinidad y sequía.
Al describir las investigaciones agrícolas que se realizan en la costa de Ensenada, Baja California, la académica se refirió a productos agrícolas con alto valor económico, como la vid –que permite la producción de cerca de cincuenta vitivinícolas en Baja California–, el tomate, las fresas, el calabacín y especies ornamentales. Informó que existen pocos investigadores en el área agrícola y una creciente demanda de servicios de los productores.
Entre las investigaciones que se realizan en el CICESE destaca el estudio de los hongos que producen enfermedades en la madera de la vid, a fin de diseñar medidas de control mediante el cultivo de hongos benéficos que eliminan patógenos. Al utilizar la microscopía se identifica al culpable de la enfermedad de las plantas, se aísla y se caracteriza molecularmente, a fin de definir una estrategia para aplicar un control biológico que no contamine y sea duradero, ya que los tricodermas protegen a la planta, la aíslan localmente e inhiben a los patógenos. Anunció que se trabaja para crear el Consorcio Consorcio Internacional Tripartita para Investigaciones Agrícolas (CICESE-INIFAP-Universidad de California), con el objetivo de realizar ciencia básica y aplicada que permita sostener la agricultura en la región fronteriza México-Estados Unidos.